Homeland es la serie sobre terrorismo y geopolítica post 11S que empezó a emitirse junto a otras series de la era de oro de la televisión como Breaking Bad o Mad Men. La diferencia entre Homeland y esas otras series es que su protagonista es una mujer agente de la CIA con trastorno bipolar que debe vivir en un mundo de hombres. Esa mujer es Carrie Mathison.

Ella no solo juega con su feminidad y su cuerpo en un contexto masculino, sino que es instintiva y usa ese instinto -tan estigmatizadamente femenino- para crear su propia ética profesional. Si la crisis de la masculinidad se exploraba en las otras series, en Homeland explora la incomprensión de lo femenino dentro de los ambientes masculinos, así como lo masculino dentro del “deber ser” de lo femenino. 

A Carrie todo le juega en contra pero la seguridad ante los hechos logra que la duda no la doblegue. Es un personaje que sabe usar su sexualidad y está consciente del deseo que provoca, por lo que hábilmente puede manipular situaciones difíciles si hay hombres de por medio. 

Durante toda la serie la protagonista está acobijada por Saul Berenson, su padre simbólico, su mentor, ese asesor de la CIA que entiende cómo una mujer como Mathison puede ser la mejor espía por su instinto, su visión de justicia y el valor que le da a la verdad, más allá de las complicaciones que su enfermedad mental puedan llevarla a situaciones peligrosas. 

Homeland es una serie con largo recorrido a pesar de sus baches, y donde solo dos personajes mantuvieron la trama: Carrie era el malentendido que funcionaba, mientras Saul representaba la confianza en lo invisible.

No es extraño que Homeland se haya ido a pique narrativamente cuando cercenaran la naturaleza del personaje, cuando se intentó mantener la relación de Carrie con el sargento Nicholas Brody, ese prisionero de guerra estadounidense del que la agente sospechaba era un espía captado por el terrorismo islámico durante su cautiverio. La relación amorosa entre ambos tenía química en pantalla (sí, yo fui una de las que se enganchó). La primera temporada de la serie fue todo un éxito – con Emmys incluidos– pero, a partir de la segunda temporada, mantener al prisionero en la serie como un doble agente / espía fue perdiendo fuelle hasta que muere ahorcado en la tercera temporada. Posiblemente después del episodio de la boda roja en Game of Thrones, este fue completamente aterrador y yo quedé pensando «¿es en serio? ¿lo mataron?»

El vivir del rating le jugó una mala pasada a la serie, así como al personaje de Carrie. Para el rating no bastaba con el arquetipo de Atenea, la guerrera, a la protagonista había que tenerla enamorada; se jugaba a representar a la mujer problemática ante sus propias circunstancias y sumisa ante el amor. Sin embargo, al ver el desastre narrativo y la ida a pique del rating, resucitó la sensatez y sacaron a Brody. En el capítulo “La estrella”, el doble agente es ahorcado ante los ojos de la protagonista en una plaza pública luego de ser interceptado por el terrorismo islámico. Es así como Mathison vuelve a tener impulso a pesar de estar embarazada. 

De su relación con Brody nace una hija, Franny. La figura de la hija posiblemente era un despropósito después de la tercera temporada de la serie, sin embargo, en la temporadas siguientes desvela el pesar de una hija querida pero a la que nunca se le podrá dar el amor que se merece porque la protagonista siempre será una espía. 

Es el único personaje femenino de la serie que lo sacrifica todo por lo que ella cree que es el sentido de verdad y justicia. Carrie Mathison no solo podría ser arquetípicamente Atenea, también podría ser la Medusa que enamoró a Brody y que lo terminó llevando a una horca, y así sucesivamente con otros hombres que se enamoran de su seguridad.

Hace años un artículo comentaba que Homeland era una serie misógina, y puede resultar un argumento cierto, sin embargo, no lo es. Carrie es el personaje femenino más coherente con lo que representa: una espía que pone por delante la pasión del deber, del Estado antes que la guerra, la solución de conflictos, así pase por sacrificarse ella misma o a los otros; porque ella, quiéranlo o no, como Berenson lo confirma en el penúltimo capítulo de la serie, tiene la solución a los problemas de Estado aunque no los tengan para sus vidas personales.

Carrie es el reflejo de todas las posibilidades y fortalezas de una mujer, así como sus debilidades. Sin embargo, y a pesar de su coherencia en las acciones que hace en lo profesional, los lleva al mismo dilema que tenían las mujeres en los años sesenta y hacia atrás: ¿una mujer puede serlo todo?

En la temporada final de la serie, la trama contrapone a Carrie frente a Saul, ese único hombre que ha estado ahí entendiendo cómo actúa la protagonista en sus tácticas, con el que no se vincula desde lo amoroso romántico, sino desde el amor filial. El único que solo ve una Atenea en ella, una mujer completa y capaz de hacerlo todo. 

Sin embargo, la fantasía de Carrie de lograr todo sin sacrificar a ese padre simbólico no es fácil de lograr. Los guionistas de la serie vuelven a adentrarse en el conflicto emocional de la primera temporada entre Carrie y Brody pero esta vez con Saul, dándole potencia y homenaje a aquello que fue la gran serie. Al final la protagonista sacrifica y se sacrifica sin llegar a ser nuevamente la Medea que esperábamos. 

Carrie Mathison es, posiblemente, otra de los tantas protagonistas que desvelan un problema que no es netamente femenino: lo profesional versus lo emocional; sin embargo, sí es un hecho que ser mujer en un mundo de hombres demuestra el gran vacío que existe entre qué significa ser hombre agente  versus ser mujer agente y madre, entendiendo que el sacrificio es lo que queda, que nunca se podrá hacerlo todo si quieres llegar hasta el final de lo que te propones. Si en los sesenta “La campana de cristal” de Sylvia Plath desvelaba el hecho de que las mujeres estaban signadas por su rol de mujer y madre, en Homeland sucede lo mismo a pesar de todas las libertades ganadas por el feminismo en el siglo XXI.

Homeland puede verse a través de las diferentes plataformas de streaming y en España y en Latinoamérica a través de Netflix.

 

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