La ficción siempre ha sido el mejor método que existe para representar la realidad. En lo que respecta al sentimiento amoroso, este no escapa de convertirse en tópico literario. Muchas han sido las historias de amor que nos han atrapado: el amor trágico de Romeo y Julieta;  el amor obsesivo de Humbert por Lolita; el amor infiel entre Madame Bovary y Rodolphe o el amor epistolar entre Florentino Ariza y Fermina Daza en El amor en los tiempos del cólera.

El tema en concreto funciona como acicate, tanto para el publico lector, ansioso de nuevas historias amorosas, ya sean intensas, luminosas o trágicas; como para quien pasa sus horas frente a un ordenador creando nuevos relatos. Tanto uno como otro contribuyen a mantener vivo entusiasmos literarios. Amor, al fin y al cabo.

Del amor materno hasta el amor a la creación

Alfaguara reedita Mamá, la novela de Jorge Fernández Díaz donde el autor cuenta la historia de su madre en la que se entrelazan las respuestas de la progenitora en una larga entrevista y los recuerdos del autor. Una obra híbrida entre periodismo y ficción. Un tributo a su madre, una exiliada española que decidió dejar atrás las penurias de la postguerra y echar raíces en Buenos Aires. 

A pesar de ser un libro donde el foco está en el tema de la migración y lo doloroso que puede ser el desarraigo, la historia de Fernández Díaz es un tributo de amor a la figura materna. Esas cincuenta horas de conversación entre Fernández Díaz y su madre acabarían generando un texto poderoso y muy intimo que, desde su lanzamiento, se convirtió en un éxito editorial. Ahora en 2019, la reedición española incluye un epílogo donde narra qué ha pasado con los personajes de su novela 11 años después. Las últimas páginas ratifican el  reconocimiento a las palabras de la madre:

-Si vas a escribir algo sobre este momento, te pido que pongas la verdad –me advirtió levantando el dedo.

-¿Y cuál es la verdad?

Que ahora soy completamente feliz. Lástima que soy vieja.

Otro libro que narra los vínculos madre-hijo es la biografía de Charlotte Gordon es Mary Wollstonecraft/Mary Shelley: Proscritas románticas (Circe, 2018). El volumen de 600 páginas no escatima detalle en narrar los hilos invisibles de una relación que se da post mortem, ya que Mary Wollstonecraft moriría diez días después de que la pequeña Mary naciera en el seno de una de las familias intelectuales de la Inglaterra dieciochesca.

Los vínculos invisibles del amor entre madre e hija eran ideales y literarios. Si Wollstonecraft había visto los resentimientos que producía en nombre de sus ideales, Shelley fue testigo de una procesión interminable de niños y mujeres abandonados en nombre de una libertad individual y de un idealismo romántico que resultaba ser egoísmo o un gran fracaso colectivo. De ahí la escritura de Frankenstein, por parte de Shelley, y en el caso de Wollstonecraft, la creación del manifiesto filosófico, la Vindicación de los derechos de la mujer (Virginia Woolf rescató ese texto de la invisibilidad). El texto de Gordon revela que tanto Wollstonecraft como  Shelley crearon un feminismo propio desde la palabra escrita: una desde el orden político y otra desde la ficción; ambas se aferraron a la escritura como herramienta para encontrar el amor propio.

Del amor romántico, erótico e infiel

La nueva novela de Julian Barnes, La única historia (Anagrama 2019), comienza con una acepción de la palabra “novela” en el diccionario inglés de Samuel Johnson  “Novela: un cuento corto, por lo general de amor”, para luego iniciar el primer capítulo con la pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez: «¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos?» Barnes es experto en mostrar pesimismo desde la comedia, ese humor inglés que, en este caso, se ha plasmado en la historia de amor entre Paul y Susan que indaga en las pasiones de los ingleses de los años 60. La historia recuerda a la Mrs. Robinson de la película: Paul frecuentemente cena con Susan y su familia. Duerme en el sofá de la sala e incluso ayuda al espantoso esposo de su amante en el jardín. 

Sin embargo, y a pesar del tono de comedia, Barnes muestra las complejidades del amor: lo que comenzó para Paul como un romance de verano excitantemente transgresor, se convierte en un esfuerzo agotador por rescatar a su amante del alcoholismo, cuestionándose así la clase de amor que siente hacia ella: “No puedes abandonar a Susan. ¿Cómo podrías retirarle tu amor? Si tú no la amaras, ¿quién la amaría? Y quizás sea aun peor. No solo la amas sino que padeces una adicción a ella. Qué irónico, ¿no?” . Barnes cuestiona el término amor en la novela: «Tal vez el amor nunca podría ser capturado en una definición», piensa Paul. «Solo podría ser capturado en una historia».

De nombre impronunciable para un castellano parlante,  Bergsveinm Birgisson, escribe Para Helga (Lumen, 2019) dejando atrás los prejuicios de que los nórdicos solo exportan novelas negra.  A diferencia de Barnes, Para Helga ocurre en lo profundo del campo. El lugar juega un papel determinante en la narración. Birgisson relata la vida de Bjarni y su historia de amor imposible con Helga que el lector conoce a través de una larga carta que conforma la estructura narrativa. Mediante el lenguaje epistolar, Bjarni, en su lecho de muerte, le pide perdón a Helga por no haber huido con ella y da rienda suelta a sus recuerdos donde consagra el pastoreo, la naturaleza y su granja islandesa reminiscencia que lo desgarra al recordar la pasión que sintió por Helga, que aún enciende su cuerpo y su corazón. Una historia de infidelidad y culpa. Una oda a la identidad islandesa del campo, al amor y una crítica al deber ser, sobre lo que se siente y se niega.

Amor por los lugares, amor a la pareja

El amor como sentimiento infinito que se produce entre dos, puede que no sea únicamente humano. En Mamá de Jorge Fernández Díaz se huele el amor y el desamor por la patria, por el territorio, en ese caso por Buenos Aires y por Oviedo. Pasa lo mismo en Shakespeare Palace, la autobiografía de la poeta uruguaya Ida Vitale. La única obra en prosa de la escritora donde relata cómo la Ciudad de México le dio la bienvenida a ella y a su marido Enrique a consecuencia del exilio.

El amor de Vitale por México surge a través de las experiencias vividas con otros escritores como Octavio Paz, Elena Garro, Ulalume, Teodoro González León, Fonseca, Juan José Arreola, Carmen y Álvaro Mutis entre muchos otros. Sus memorias confirman el amor por México a través de las amistades que hizo en ese territorio humano de amistades, mucho más grande que los límites mexicanos.

Sin embargo, más allá de México y de sus amigos, su lugar es Enrique. Este es un libro dedicado a él como compañero de viaje por los diferentes territorios. Al concluir el libro, Enrique ya había fallecido, y Vitale lo honra al decir “Sin Enrique no se habría dado nuestro viaje a México ni, después de una estadía de más de once años y, ya casi completados nuestros morosos trámites de ciudadanía, nuestra partida al cerrarse la década militar en Uruguay.”


Como suele ocurrir en los días previos al día de los enamorados, estos títulos son algunos de los que se verán en las estanterías para reflexionar sobre la diversidad de ese sentimiento llamado “amor”. Y a ti, ¿cuáles son los libros que te entusiasman para hablar de amor?

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