En casi todo el mundo la gente está enamorada del amor romántico. Actuamos como si no tuviéramos suficiente con las historias de amor que aparecen en las películas, series, novelas y canciones. Buscamos el amor romántico en nuestras propias vidas, tan desesperadamente, como si encontrarlo nos transportara mágicamente a un estado superior de felicidad. (Y sorry, no lo hará, lo sé, e igual no se me graba en el cerebro, dennos tiempo, no somos robots a los que se les desinstala un chip)

Es sofocante como hemos ido por encima de nuestras posibilidades con bodas y propuestas de matrimonio que se convierten en espectáculos públicos. Ni la Susanita de Mafalda habría elucubrado tanto.

Pero, ¿es este enamoramiento con amor romántico un sueño inofensivo? No lo es. Las narraciones románticas son asfixiantes, el yo se pierde en un asidero irreal, no lo digo yo, pueden entrar en cualquier foro de psychologytoday. Si mi bio de Twitter fuese más sincera diría: Ariana Basciani, mujer con una lista de relaciones fracasadas. Pensamos que los humanos nos reducimos a una sola historia y somos más que eso.

Lo que nos ayuda a hacer que la vida sea más alegre y significativa es nuestra imaginación -esa capacidad de vislumbrar las muchas maneras de vivir una vida- junto con nuestro coraje y resistencia que deben hacer frente a las historias sesgadas que intentan frenar que avancemos. Sí, nos estamos contando el mismo cuento durante siglos y nos lo hemos creído. Me lo he creído, ya lo sé y me lo sigo creyendo.

Con demasiada frecuencia los científicos sociales, las estadísticas y los gobiernos están perpetuando narraciones engañosas sobre los beneficios de casarse, de la felicidad y el éxito. Mientras tanto, más y más estudios muestran que las personas que se casan no son más felices que cuando eran solteros y, de alguna manera, terminan siendo un poco menos sanos.

Afortunadamente, no todos los estudiosos se han subido al carro del matrimonio y el happily forever after. Algunos investigadores están descubriendo las desventajas de la matrimonio manía. Están documentando las formas en que los temas románticos limitan las aspiraciones de las mujeres jóvenes. También están demostrando que los adolescentes que se involucran románticamente terminan más deprimidos que los adolescentes que pasan la misma cantidad de tiempo sin ninguna relación romántica.

Será que debemos probar el “amor lento”

Para los millennials la mejor forma de amor está en la que se propicia lentamente o lo que la antropóloga biológica Helen Fisher llama «amor lento». Los estudios demuestran que los millennials están saliendo menos, tienen menos relaciones sexuales –yo soy GenXers, gracias Dios- y se casan mucho más tarde que cualquier generación anterior a ellos.

Estos cambios han provocado problemas entre algunos expertos que especulan que la cultura de la conexión digital, la ansiedad, el tiempo frente a la pantalla, las redes sociales nos han dejado una generación incapaz de intimidad y compromiso. Oh yeah baby, esto me suena. The Atlantic recientemente declaró que estamos en medio de una ola de recesión sexual.

Pero Fisher, que de paso es investigadora principal del Instituto Kinsey, tiene una visión más optimista y sugiere que todos podríamos aprender una cosa o dos de los millennials sobre los beneficios del amor lento. «Parece que todos están atrapados en una comprensión miope del sexo, el amor y el romance», afirma la Dra. Fisher. «Me gustaría que la gente entienda que aunque los millennials todavía no se casan, y que no tienen tanto sexo como mi generación, las razones son buenas». Según ella, no es que los millennials estén arruinando el matrimonio, puede ser que lo valoren más. Es la nueva vuelta de tuerca del amor romántico o qué está pasando aquí.

Fisher cree que los solteros de hoy son un buen ejemplo para las generaciones futuras al tener una visión más seria del matrimonio y el compromiso. «El amor es voluble», afirma la autora. «Mientras más estabilidad pueda aportar a esto, más probabilidades hay de que encuentre algo que realmente funcione y funcione a largo plazo».

En resumen, más allá del Tinder, el juicycool poliamor o un polvo esporádico, la mentalidad destino es la que termina afectando la forma en que evaluamos a las parejas románticas, así como la forma en que la que mantenemos relaciones duraderas. Quizás es el “amor lento” esa nueva forma de vivir la vida con relaciones complejas sin desarrollar opresión, conectando y trabajando con tu pareja o parejas entendiendo así un nuevo concepto de amor romántico que no sea dependiente.

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