La escritora Rachel Cusk (Toronto, 1967) es una migrante emocional, una extranjera que encuentra y narra las incongruencias de los cambios de su vida en sus memorias y en sus ficciones. 

Canadiense que vivió su infancia en Los Ángeles para luego mudarse al Reino Unido. Su acento lo revela. Estoy frente a mi ordenador viéndola y escuchándola mientras es entrevistada por la periodista Anna Guitart en un directo en el canal de Youtube del CCCB, a propósito de la celebración del Festival Primera Persona indoors o la “nueva realidad” de hacer eventos por internet. 

“‘La nueva realidad’ era una expresión que oía a todas horas esas primeras semanas: la gente la empleaba para describir mi situación, como si en cierto modo representara un avance… La nueva realidad es que está roto. Tenía que acostumbrarme a la nueva realidad”.  Con esta descripción tan certera podríamos describir lo que nos está pasando en la actualidad, en la era covid-19; sin embargo, este extracto es de las primeras páginas de Despojos (Libros del Asteroide, 2020) donde Cusk narra la rudeza de su separación y posterior divorcio.

Ficción vs. no ficción vs. memorias

En respuesta a los problemas formales de la novela para representar la experiencia femenina, la escritora decidió cambiarse a la no ficción primero con A Life’s Work y luego con Despojos en el año 2012. “No podía escribir una novela, por eso debía relatar lo que me sucedía”, comenta Cusk en el directo. La autora consideraba que hablar de temas de mujeres y femeninos era un tema banal para los intelectuales. Sabía que la ficción sería inútil para contar la verdad. “Escribir era lo único que tenía como forma de experimentar, era realizar ese alto que compartía con las demás mujeres”. Eso le dio un objetivo y la sensación de tratar algo que no se había dicho en el mundo literario.

Con A Life’s Work Cusk fue acusada de mala madre, de odia niños, pero comenta que la cultura literaria en Reino Unido es misógina y old fashion. No tuvo muchos apoyos para hacerse entender. “Lo que me pasó con este libro es que muchas mujeres defienden el mito de la maternidad y no entienden el poder de la ambivalencia. Aunque me doliera la crítica yo tenía un propósito. Yo tenía que definir unas cosas y buscar la verdad que muchas de estas mujeres que no querían asumir o hablar”.

Despojos relata cómo ella se convirtió en la feminista que muchas desearían ser: la mujer que trabaja mientras el hombre se queda en casa cuidando a sus hijas. “La realidad de la maternidad te despoja como persona. Esa división entre trabajar y estar en casa me separó”.  

En su separación, su esposo le pidió una manutención por haber cuidado a sus hijas. “No había una madre o un padre. Solo civilización. La abogada me dijo que tenía la obligación de mantener económicamente a mi marido, quizá para siempre. Pero él es abogado, contesté. Yo soy escritora. Lo que quería decir era: Él es un hombre. Yo solo soy una mujer”, afirma en una de las páginas del libro, desvelando el sentirse extranjera en su propio feminismo; desvelando las incongruencias de las luchas que no en todo momento sirven para todas las situaciones y menos en la maternidad.

«La escritura funciona igual que la ley», afirma Rachel Cusk. Sabe los problemas que ha tenido al mencionar a personas cercanas en sus historias y la responsabilidad que implica contarlo. “La moralidad autobiográfica funciona de manera muy parecida. Escribir sobre mis propios hijos es complicado pero creo que el espacio que mis hijos ocupan en mis memorias son un espacio infantil que no es exactamente igual al de mis hijos en la realidad, así que los protejo”. 

Portada de «Despojos» – Libros del Asteroide

Amarillismo vs. memorias vs. ficción

En esa visión de ser una autora que escribe no ficción y que, a su vez, sus novelas narran experiencias femeninas muy cercanas a su propia experiencia hay una contradicción entre los que le critican por publicar sus memorias y luego por no contar los detalles jugosos. Para Cusk el buen relato no es fácil de escribir: “al final, cuando se hace bien es un misterio, debe tener misterio”, no hay que contar cada detalle.

“La experiencia de la separación y la de ser madre se te olvida y escribí sobre eso para que no se me olvidara. Así que conservé esa crudeza porque no quería conservarlos como una experiencia tranquila”. Cusk escribe igual para las novelas y para sus memorias. Quizás la diferencia reside en que la experiencia de la soledad es fundamental para la escritura de sus memorias, mientras que para sus novelas puede permitirse destilar más tonos humorísticos, aunque siempre se basa en sus propias experiencias. “Cómo no basarte en tu propia vida; no se me ocurre ningún artista que no refleje su entorno y su manera de vivir. Tenemos esa obsesión con la narrativa, con ser creativo, con inventar. Yo no puedo despegarme de mi experiencia y de mi entorno”.

Aunque Cusk nunca supo que podía ser escritora, siempre estuvo en búsqueda de sus propias verdades: “La verdad te hace vulnerable”. Escribir desde esa vulnerabilidad la recuerda desde niña como un reflejo de su vida como una forma de resguardo de la realidad.  

No es de extrañar que tras vaciarse en A Life’s Work  y Despojos, Cusk haya incurrido en la trilogía publicada por Libros del Asteroide, compuesta por A contraluz (2014), Tránsito (2016) y Prestigio (2018), posiblemente las obras que la catapultan al estrellato de la crítica; también la que nos recuerdan lo que Cusk nos comenta en su directo: “hablar de temas de mujeres y femeninos es un tema banal para los intelectuales”. Quizás por ello deja el vacío de las memorias y las maquilla como novelas.

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