Este próximo domingo se celebra en muchos países del mundo el Día de la Madre. Ese día suele pasarnos por la mente desde el momento en que comenzamos a tener relaciones con un hombre. Te protejas o no, a muchas nos salta la paranoia o la felicidad, según sea el caso, porque desde ese momento pensamos en ese proyecto de vida llamado hijo; ese ser humano del que serás responsable. El pensamiento de maternidad está ahí, estés determinada a reproducirte o no, y siempre empieza con la misma pregunta: “¿Hace cuanto tuve la regla? Hace poco. ¿Cuánto es poco? ¿Tres meses? ¿Dos?”, afirma Nuria Labari en La mejor madre del mundo (Literatura Random House, 2019).

La maternidad como proyecto nos aleja por un tiempo, o por mucho, de nuestra sensación de libertad como mujeres, porque sacrificas y siempre sacrificarás más que un hombre, por lo mínimo nueve meses o, en el peor y quizás el mayor de los casos, gran parte de tu vida; todo depende del padre. La maternidad como proyecto es opción para muchas mujeres, no un deber. Mientras mis amigas se embarazan habiendo o no previsto el proyecto, el status quo se perpetúa. No es una crítica, la maternidad es para quien quiera tener un hijo; no es mi caso, ya sea por determinación anatómica o por ideología.

Mi madre me parió, me crió y me sigue cuidando; es un modelo a seguir si tuviera hijos. Amo el amor que me da, es incondicional y no lo he recibido de nadie. Aún a mis 35 años, la veo sacrificarse siempre. Ese es el estereotipo de lo que según la sociedad es ser buena madre y realmente lo es, pero, ¿todas las mujeres deben entregarse así? También veo a otras madres que no son sacrificadas y que no por eso son “malas madres”. Por otra parte, está el otro lado de la tortilla: veo mujeres creando proyectos propios, alejándose de la maternidad como ese modelo predeterminado que deben seguir las mujeres para ser más mujer, ese parir un ser humano, esa convención del que el mundo tiene más derecho que tú sobre tu vientre. Esas otras mujeres, esas donde yo también estoy.

En Maternidad de Sheila Heti (Lumen, 2019), la autora se pregunta constantemente y se responde a través del I Ching –Jessa Crispin estaría orgullosa- si su proyecto como madre es traer un niño al mundo o llevar a cabo un proyecto creativo. El I Ching le responde que no tener hijos es un tabú. Heti vuelve a ratificar la respuesta del oráculo: se encuentra a una colega escritora en un festival literario y “lo primero que quiere una saber de la otra es si tiene hijos y si no los tiene, si piensa tenerlos. ‘Es como una guerra civil: ¿en qué bando estás?’”. Más allá de lo que pensó esta escritora amiga de Heti, crear zanjas no es mi punto, porque la cuestión es priorizar el respeto ante la decisión del otro, la otra. ¿Acaso no está de moda la palabra sororidad? ¿Por qué nos seguimos juzgando entre nosotras?

Quizás habría que ser más desobediente y pensar en que hay muchas mujeres, especialmente en el siglo XXI, que quieren ambas cosas. Ser madre y ser exitosas. Why not? Sin embargo, o por lo menos en España, la brecha salarial se amplía tras la maternidad, acelerándose tras el primer hijo. Los ingresos de ellos siguen en alza tras la paternidad pero a nosotras que nos parta un rayo tu liberación de los 60, asúmela, y acepta que irás hacia abajo salarialmente cayendo los dos primeros años y quizás recuperándote al quinto año.

El hecho va más allá: la maternidad también te juzga socialmente si tienes hijos. También habría que dejarnos, dejarlas decidir si alguien quiere dar teta en la calle, por seis u ocho meses, dos años o pasar a la fórmula al primer momento que el médico te lo diga. Estoy harta de ver mujeres diciéndoles unas a otras cuál es el deber ser de sus tetas y sus leches maternas, así como harta de ver a los hombres que se empeñan en ver las tetas únicamente como un símbolo sexual que les pertenece. “Muchas madres prefieren no dar teta en un sitio público, ante las miradas lascivas, de sorpresa o reprobación… Un 43% de las mujeres se sentían incómodas amamantando en público”, cuenta Esther Vivas en Mamá desobediente (Capitán Swing, 2019). El espacio público debe conciliarse. Sin embargo, tanto las madres como las no madres, deben ayudar a convertirse en flaneurs libres y apropiarse de lo que desean hacer, con o sin teta en la calle para alimentar a sus hijos.

Darle viabilidad a lo que queremos es fundamental. Quitarle derechos al mundo sobre nuestro cuerpo y nuestras decisiones, también.

Hay mujeres que se embarazan y antes del nacimiento pierden a sus hijos. Otras los paren y luego los pierden, ya sean por enfermedad o por accidente. «Yo sí quiero vivir, ¿sabe?, a pesar de este cuerpo, a pesar de mi hija muerta, dice y llora, sigue eligiendo vivir, ¿será soberbia?, hace un tiempo me dijeron que yo era soberbia, no le crea a la gente que nos pone nombre, Elena». Este párrafo de la novela de Claudia Piñeiro, Elena sabe (Alfaguara, 2007), remite al dolor de la pérdida y al exorcizarse de etiquetas y prejuicios. ¿Cómo llamamos a una mujer sin hijos?, ¿o a una mujer que se queda sin hijos? Quizás el nombre sea innecesario, o quizás sí existe una necesidad en nombrar lo que somos. Paula Bonet lo hace en Roedores. Cuerpo de embarazada sin embrión (Literatura Random House, 2018) al hablar desde sus abortos espontáneos, ese querer ser madre cuando el cuerpo te dice que no lo seas. El problema no es específicamente la etiqueta o pedirla a la sociedad, el problema es que no nos genere ruido si la tenemos o no, aceptarlo y que nos acepten.

No sé si muchas pueden estar tan hartas como yo de ver cómo el Estado nos dice si podemos o no abortar, o si una parte del movimiento feminista nos dice que no podemos alquilar nuestros vientres porque el patriarcado se ha apoderado de nosotras y somos sus esclavas. Hay que matizar y no hay que sacar provecho al cuerpo femenino, en eso estamos claras. La maternidad, sea un hijo, un proyecto creativo o una mascota, debe ser desde ese lugar tan común pero tan cierto llamado amor y respeto por el otro.

Al final, ¿la maternidad no es la creación para el mejor resultado? Una buena enseñanza, con amor y recursos, ¿no nos dará generaciones de niños más felices en el futuro? ¿Proyectos que nazcan de mujeres para cambiar estereotipos?

Feliz Día de la Madre a mi madre, a mis amigas madres, amigas que tienen una mascota y la cuidan y a todas las que tenemos un proyecto creativo como hijo.

 

*La imagen de portada es una ilustración de Paula Bonet

 

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