Cómo ponerte una bolsa en la cara y hacer que te guste: el caso 50 sombras de Grey

Leer 50 sombras de Grey es fácil. Es fácil, no porque sea un bestseller y esté escrito con facilidad para que la gente lo compre y se venda, está escrito fácilmente porque toca un tema cotidiano: sexo con amor como fantasía de lo imposible en la contemporaneidad donde abundan las relaciones líquidas.

Posiblemente algunas mujeres han tenido malas experiencias amorosas y sexuales: desde el novio del colegio que quería dejarte sin virginidad toscamente, el esposo aburrido que solo quiere ver el fútbol y nada de dialogar ni follar, hasta el egomaníaco que promete todo siendo dulce, caballeroso y bello pero que sencillamente no quiere nada serio contigo. También existen circunstancias menos estresantes: la falta de química en la pareja, el divorcio, el aburrimiento o que nos hemos convertido en uno seres muy volubles con la era digital. A partir de allí y de otras dramáticas historias femeninas, entendemos por qué a E.L. James se le prende el bombillo y dice: una mujer del siglo XXI quiere amorosamente lo mismo que tuvieron sus abuelas y sus madres: estabilidad y justo después de eso, quiere un hombre ideal –porque claro ser una mujer de este siglo se ha vuelto más demandante- y, además, ese ideal –a diferencia del de sus madres y abuelas-  se la debe follar como es debido. En resumidas cuentas, la mujer del siglo XXI tiene tan poco tiempo, tantas experiencias amorosas, tanta soledad y es tan exigente que lo que necesita es una novela rosa empegostada con mucho pero mucho sexo y además “duro”.

El mito de que las mujeres son sumisas y no quieren, no se encienden, no se mojan, no piensan únicamente en sexo, es la gran mentira que se fue vendiendo hasta comienzo del siglo XXI. A cambio de hombres “leyendo” revistas Playboy hay mujeres que leen 50 sombras de Grey porque más allá de lo que se tiene en la cotidianidad, a las mujeres les encanta fantasear, son buenísimas en eso y este libro da el material para tener placer únicamente con sus cabezas.

¿Cuál es el problema con Grey?

50 sombras de Grey puede verse desde muchos puntos de vista y creo ser un buen ejemplo como observador y lector para explicarlo porque nunca en mi vida me había leído un bestseller, los aborrecía, me parecían libros para ignorantes; sin embargo, hubo algo que me atrapó: el marketing, la fantasía y el sexo; además, debo decir que me entretuvo, sin morderme la lengua por feminista o por cualquier sandez intelectual que nosotras las mujeres nos hemos inventado para poder adoptar el poder masculino sin aceptar nuestra cursilería nata.

Continuando… Un libro que destrona a Harry Potter por rapidez en sus ventas a nivel mundial es para tenerle miedo, porque E.L. James más allá de escribir una trilogía supuestamente erótica, lo que hizo fue tocar las inseguridades y fantasías femeninas mezclarlas con lo cool  que puede llegar a ser hablar de sexo y, de allí, lanzó un camino de pólvora y encendió la mecha. Miles de bloggueras empezaron a escribir sobre Cristian Grey, aquel macho perfecto que “todas” quieren porque es incondicional, caballeroso, bello, rico, sobreprotector, buen polvo y algo loco como para que se te mueva el arquetipo protector de madre y ¡BOOM!, tienes un producto viralizado y con un presupuesto editorial a nivel de marketing que saca a la novela rosa del armario más feo de la librería a la vitrina iluminada.

El marketing está en el propio lenguaje de la novela y eso es admirable porque volvemos al origen de los tiempos: la masa, al pasar del lenguaje rosa a un lenguaje con un nicho más amplio, al llamado gran público de las editoriales. Después de allí, el marketing conocido: los lugares comunes en la narrativa, las webs, los concursos, la lencería inspirada en, los juguetes sexuales, la próxima película, etc. Sin embargo, también está la parte que no es admirable: que el lenguaje de la novela sea milimétricamente calculado -tanto que aburre- hace de 50 sombras de Grey una historia pobre en recursos literarios y falta de credibilidad en muchas ocasiones, además, ni tan fetish para muchos conocedores de esa categoría dentro del erotismo y la pornografía; pero señores eso en este caso no importa, porque el fin último de una editorial que propone una TRILOGIA es venderla, no escribir el Quijote erótico.

A partir de la genialidad marketiniana y narrativa de E.L.James -hay que acotar que esta mujer es publicista así que sabe lo que hace- así que podemos decir que lo bueno para los puristas de la literatura, es que la literatura erótica como género resurja en la palestra editorial, y ya sea para bien o para mal, el mercado se amplía, se generan inversiones para el desarrollo del erotismo en la literatura de ficción y se desembolsilla dinero que nunca se había al parecer pensando para el género rosa y erótico, tanto así que J.K.Rowlings , no solo quiere ganar dinero con Harry Potter, ahora quiere ganarlo con una novela erótica. Más allá del enriquecimiento literario, el mercado erótico también ha evolucionado, por lo tanto, podemos pensar en una sociedad que prontamente le rendirá homenaje y espacio al erotismo, dejando las censuras a un lado, y esa, es la ganancia que personalmente me contenta.

Señores, dejemos que el agua corra debajo de la mesa, leamos para entender el mercado literario y social, dejémonos de mariqueras snobistas –disculpen lo prosaica- que de seguro, alguna novela erótica buena viene en camino, si es que no la están editando ya o están buscando algún escritor fallecido que haya escrito algo muy bueno. Para eso sirven estas cosas masivas, Changes como diría Bowie.

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