La tarde que charlé con Katixa Agirre sobre su soberbio libro Las madres no (ed. Tránsito) acababa de visitar a una amiga que había tenido una niña deseadísima a sus más de 40 y sola. “¿La quieres tomar en brazos?”, me preguntó. “Mejor no, me da un poco de miedo hacerle daño”, contesté. A lo que ella me dijo: “Tú misma, puede ser tu última oportunidad de tener a un bebé en brazos”. El comentario se me clavó en el pecho; el sonido del sacaleches me zumbaba en los oídos. Me pareció que estaba “pirada”, que, de alguna forma, la maternidad produce algún tipo de locura transitoria. Lo cual reafirmé cuando otro amigo me contó que fue a visitar a unos colegas que habían dado a luz y la madre les obligó a desinfectarse las manos y la cara con unas toallitas que se pusieron de moda en 2001, cuando los ataques de ántrax.

Me encontré con Katixa para tomar un café y, ni bien pasó un rato, le referí ambas experiencias. “Se han vuelto locas”, atroné. Se echó a reír. “La maternidad -dijo- es una experiencia muy compleja. Es maravillosa y horrible, y todo lo que hay en medio. Y cuando lo entiendes es super liberador. Aunque esta sociedad todavía no acepte que una madre reciente pueda sentirse triste y no ser feliz”.

O incluso aburrirse en su solitario confinamiento, muerta de sueño, dedicada a cuidar de una criatura, mientras suspendes momentáneamente todos los otros aspectos de ti que te hacen ser tú. Y a veces puede ser una experiencia desgarradora. 

“Es importante relatar nuestra propia vida para que tenga sentido”

Bajo la forma de un relato autobiográfico sobre una periodista que al dar a luz empieza a obsesionarse con la historia de una madre infanticida, una conocida de su juventud que asesinó a sus dos bebés motivada por una posible depresión postparto -el móvil queda abierto, juzgue usted, lector-, Agirre aborda en Las madres no las ambivalencias de la maternidad y el tabú social que pesa sobre las madres que matan a sus hijos, muy diferente a la visión que se tiene de los padres infanticidas. 

Y lo hace trufando el relato de pequeñas historias de madres “malas” como Medea, Doris Lessing o Sylvia Plath, o del infanticidio selectivo de los espartanos y luegos el de los nazis -para los que, irónicamente, el aborto era ilegal.

Katixa Agirre: “He escrito dos novelas y en medio he tenido dos hijos; quería demostrarme que es posible ser madre y escritora”

“¿Quién puede matar a un niño? Nadie. Y como nadie puede, cuando un niño es asesinado, todos somos potenciales sospechosos”, escribe. Y también: “Se habla mucho del cansancio que trae consigo la maternidad, de no poder dormir, de las ojeras. Sin embargo, apenas se mencionan las horas de aburrimiento que llenan la vida de una madre. Me refiero a esa sucesión de días grises y amorfos en los que dar la teta, cambiar pañales, intentar dormir al bebé que llora y comprobar si respira una vez se ha dormido ocupan tu vida hasta asfixiarla”.

Verdades duras como pezones que le han valido críticas, cuenta, en clubes del libro, donde algunas madres se ofendieron alegando que su maternidad no fue ni aburrida ni solitaria en ningún sentido.

“La historia está basada en mi experiencia cuando di a luz a mi primera hija, pero cada parto es diferente y si hubiese escrito la novela tomando de referencia el parto de mi segundo hijo, hubiera sido otra historia, sin duda”, me explica. Y añade: “No tiene vocación universalista, sino que es una manera de abrir el debate”.

Katixa empezó a escribir un libro, tuvo una hija y luego lo terminó, comenzó una segunda novela, tuvo un hijo y la acabó. Nadie puede negarle que sus partos no hayan sido múltiples, puesto que la experiencia de alumbrar una obra es similar -o eso dicen- a la de tener un hijo. 

“He escrito dos novelas y en medio he tenido dos hijos; quería demostrarme que es posible ser madre y escritora”

“Sí, he escrito dos novelas y en medio he tenido dos hijos; quería demostrarme que es posible ser madre y escritora. Lo curioso es que tanto yo como la protagonista utilizamos un alter ego para entender este proceso de la maternidad y darle una distancia, porque el primer mes de madre no ves nada, es un caos emocional. Como soy una persona muy racional, necesité analizarlo todo. Es muy importante relatar la propia vida para que tenga un sentido”.

No obstante, no se confundan -aunque a mí sí me la dio con queso-; Las madres no de Katixa Agirre es un thriller apasionante basado en experiencias vividas y comentadas con otras madres primerizas, un juego de espejos cruel y sincero donde la protagonista puede confundirse con la autora y la narración de los hechos es tan verosímil que quien esto escribe no pudo evitar googlear el nombre de “Alice Espanet” convencida de que era la mejor crónica sobre la(s) maternidad(es) que había leído.

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