Desde el #MeToo hasta nuestros fracasos amorosos hemos ido por la vida culpando al patriarcado de nuestros derechos cercenados. Sin embargo, nunca hemos mirado hacia la raíz más íntima y cercana: el padre.

La doctora en psiquiatría y sexualidad, Katherine Angel, apunta esta curiosidad en la primera página de su breve ensayo Daddy Issues: Un análisis sobre la figura del padre en la cultura contemporánea (Alpha Decay, 2020). En el libro, la autora no solo quiere apuntalar las diferentes responsabilidades del padre, sino que va más allá, adentrándose en la figura del padre como representación dentro de nuestra sociedad y nuestra psique.

En Daddy Issues, Angel no solo se basa en ficciones y ensayos pasados, sino que usa las teorías del psicoterapeuta Donald Winnicot para explicar cómo el padre es un agente que perpetúa la violencia para poder expresar amor.

Desde que el movimiento #MeToo llegó a la palestra pública se han señalado diferentes espacios donde existen comportamientos tóxicos ejercidos por hombres hacia mujeres; hombres que son colegas, socios, amigos y conocidos. Aunque gran parte de la atención se ha centrado en los hombres en el lugar de trabajo, poco se ha dicho sobre estos hombres dentro de sus ámbitos familiares: cómo son como padres. ¿Acaso el feminismo, que ha cuestionado constantemente los usos que se le dan a la noción de familia, se ha callado con los padres?

El mito del padre es difícil de desmontar. Todos los niños tienen que esforzarse para distinguir al padre real del padre mito y así llegar a la autonomía, porque más allá de que la figura del padre sea buena o tóxica, es una imagen que abarca un espacio de gran tamaño e importancia tanto en la vida como en el mundo. La desmitificación es el trabajo de crecer y madurar, de individuación, para así entender que el trabajo consiste en reconciliarse con nuestros padres a lo largo de toda la vida, lo que requiere una danza delicada entre el amor y el odio, la lealtad y la traición.

Puede resultar aterrador, y quizás imposible, contrarrestar el poder del padre frente a un escándalo pues nos arriesgaríamos a perder su amor al denunciar sus actos o al ponernos del lado de sus críticos; y querer el amor de un padre, incluso uno malo, es un deseo tejido a través de la sociedad.

En Daddy Issues, Katherine Angel pone como ejemplo algunos malos padres. Por ejemplo, los padres patrios como lo puede ser Donald Trump o Michael Jackson, hasta padres de la ficción como Toni Erdman en la película homónima dirigida por Maren Ade. Los casos en la ficción abundan desde series como Mad Men a The Good Fight, sin embargo, la realidad supera la ficción.

 

La padrepatria

Aunque los issues relacionados con la muerte del padre vienen desde Edipo hasta los hermanos Karamázov, los parricidios socialmente marcan a la sociedad cuando se convierten en magnicidios. Vale recordar cómo la muerte de Kennedy, Mussolini, Chávez, Allende, Vargas o el-Sadat conmocionaron a sus sociedades y al mundo. Los padres patrios como padres, tóxicos o no, movían hilos dentro de lo que significaba patria y, en consecuencia, en la identidad.

Angel también trabaja con ejemplos la influencia colectiva de los padres presidentes y sus hijas. Los ejemplos de Chelsea Clinton o Ivanka Trump nos reafirman que estas leales hijas invocan con frecuencia una imagen poderosa del padre amoroso o líder en contraposición a la imagen del depredador misógino. Aunque en los años transcurridos desde el #MeToo se ha desarrollado una nueva ola para comprender culturalmente el patriarcado, el término padre, en el que se aglutinan varios aspectos de la masculinidad, todavía persiste en la creencia social de que los hombres que son cariñosos no pueden ser también violentos y cercenadores de deseos.

Según Angel, en Estados Unidos se pudo ver cómo en plena campaña electoral, Trump usaba términos ofensivos hacia las mujeres debido a que su adversaria demócrata era una mujer. El famoso “grab them by the pussy” fue criticado por su hija Ivanka por parecerle equivocado, sin embargo, terminó por cubrir con velo la atrocidad del comentario afirmando que “el mayor consuelo que tengo es el hecho de que conozco a mi padre”.

A su vez, Trump convierte a su hija en objeto y en posesión: “¿Saben quién es una de las mujeres más bellas del planeta según todo el mundo? Pues yo contribuí a crearla. Ivanka… Mide un metro ochenta y tiene un cuerpo espectacular”. No es de extrañar que el presidente de los Estados Unidos haya sido el impulsor y propietario del concurso Miss Universo si ve a su hija como un objeto.

A pesar de la represión que puedan ejercer ciertos líderes en Hispanoamérica o Estados Unidos en contra de la figura de la mujer, casos como el de Ivanka, las hijas de Bill Cosby o la actitud de Chelsea Clinton durante el juicio de Lewinsky confirman en Daddy Issues que gran parte de ese amor hacia el padre depredador puedan ser una de las variables por las cuales haya mujeres que voten y apoyen a figuras autoritarias y negacionistas de sus derechos como Donald Trump o Jair Bolsonaro.

 

El amor padre-hija

Si Trump convierte a su hija en objeto (“Ya he dicho que, de no ser Ivanka hija mía, saldría con ella”), no podríamos olvidar que sus declaraciones también desvelan una cadena arraigada a la cultura: la adoración y la protección del padre a través de la posesión de la hija. “La asunción de que debe establecerse una suerte de relación amorosa entre un padre y una hija”, dice Angel. Asco dirán algunos, sin embargo, Angel afirma que el propio concepto de daddy issues “supone y rechaza” la idea de que las hijas desean a los padres. A algunos les recordará el complejo de Electra.

Angel afirma que puede menospreciarse a una mujer cuando el concepto de daddy issues se ve reflejado en la elección de la pareja sexual debido a su edad, estatus o autoridad pensando que se ha sido prendada por una versión de su padre.

El término daddy issues admite la posibilidad de que las mujeres hagan su selección de pareja buscando al padre “pero a la vez la niega y ridiculiza” afirma Angel. Para la autora de lo que no se habla es de la carga moral, el por qué el término siempre recae sobre la hija y se pregunta si los padres demuestran el amor por los celos (véanse El padre de la novia con Steve Martin o Crazy, Stupid, Love con Steve Carrell). ¿Por qué la historia se muestra como si la culpa del romance recae sobre las hijas? “¿Qué pasa con los daughter issues de los padres?”.

En estas ficciones cinematográficas, aunque los padres toman distancia de su yo viril, cuando la hija elige a su pareja sexual, léase otro hombre, es el padre quien recrea un déjà vu y recuerda que su hija es esa misma mujer que él buscaba en su juventud, por eso protege su virginidad y se borra la figura de la hija como agente deseante.

Angel cita la serie Girlfriend Experience, donde una estudiante de Derecho es escort de lujo. El personaje es perfecto para sus clientes porque es inexpresiva, acepta todo y no está en contra de nada de lo que le piden. Para la autora, el personaje presupone la misma devoción de una hija a su padre: el foco único de su atención absoluta.

 

Consciencia y liberación

Katherin Angel apela los textos de Virginia Woolf para explicar que la forma más cercana de independizarse de un padre castrador como el que tenía la famosa escritora -Leslie Stephen- era trabajando. Woolf explica en Tres guineas por qué su habitación propia era la que le permitía despojarse de su padre e irse de su hogar burgués donde estaban atrapadas ella y su hermana. Su independencia, más allá de lo laboral, era poder salir de ese padre tirano, ser libres dentro del espacio público y privado.

Sin embargo, esa liberación a través del trabajo no funcionó por mucho tiempo para las mujeres blancas y burguesas, ya que se dieron cuenta de que, al igual que ya lo habían hecho las mujeres dentro del feminismo de color, la figura del padre era la dueña del capitalismo y del Estado; eran ellos quienes decidían las reglas del trabajo y los cuidados, un paso más arriba en el poder más allá de la ridícula figura de los padres sensibles que se jactan de cuidar a sus hijas.

Para Donald Winnicott, el teórico experto citado por Angel, lo mejor que se le puede brindar a los niños y niñas en su infancia es sentir hostilidad hacia los padres, así no solo se desarrolla un yo que no dependa ni tema a ellos, sino que creará una sensación de realidad.

Por su parte, Katherine Angel confiesa que la mejor forma de liberarse del padre es escribiendo. Si Vivian Gornick lo hizo en Apegos feroces para narrar su propia vida con una madre castradora (que también existen) y Virginia Woolf escribió Tres guineas para explicar a su padre, cómo no se puede explicar los daddy issues desde esa experiencia creativa, donde escribir puede construir a un padre que no le reclama ni la apoya y así destruirlo en la ficción para sobrevivir a la realidad, sin dejar rastros de la figura del padre de carne y hueso en la vía.

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