No existen muchas personas en el mundo que rechacen un título de la realeza. Sin embargo, Elena Poniatowska supo desde temprana edad que heredar el título de princesa de Polonia no era algo que le interesaba. En cambio, decidió castellanizar su nombre y su lengua para darle voz a quienes no la tienen, lo que hizo que su familia europea la catalogara como “La Princesa Roja”, haciendo referencia a su afiliación comunista. Ahora, ¿dónde hemos visto una princesa emigrante, escritora, traductora, periodista y activista? Esta es una historia que nos interesa.

“La finalidad de la vida no es prosperar sino transformarse. Cuando uno se lanza a lo desconocido se salva.” Leonora (2011). Editorial Seix Barral.

Elena Poniatowska - Leonora

De princesa a periodista

Nacida en Francia el 19 de mayo de 1932, fue bautizada como Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor por sus padres exiliados: su madre que huía de la Revolución mexicana  y su padre de sus responsabilidades con la corona. Fue la Segunda Guerra Mundial lo que hizo que su madre regresara a México con sus hijas, mientras su padre combatía. Allí aprendió el español de su nana, ya que su madre no lo consideró necesario.

Después de estudiar en Estados Unidos, le correspondía casarse con un príncipe europeo elegido por la familia de su padre, por lo que decidió regresar a México a ejercer el periodismo el mismo año en el que se aprobó el voto femenino en el país, decisión que considera una “chiripada”. Estaba mal visto que las mujeres estudiaran o escribieran desde su propia voz, por lo que decidió dedicarse a escuchar. Fue allí donde su verdadero reino nació: descubrió, en la voz del otro, la propia.

Elena hacía una entrevista al día, así que escogía a quién retratar velozmente, casi por instinto. Así empezó a conectar con las mujeres, con los estudiantes, con los grupos marginados de su entorno. Escribía, sin pensar en fronteras de géneros literarios, acerca de madres perdiendo a sus hijos en protestas, acerca de los presos políticos que visitaba en la cárcel, de los testimonios que escuchaba en la calle. Así se crearon sus primeros libros de ficción, de los que ella misma afirma: “Yo nunca he pensado en los límites. En general casi siempre he trabajado con la realidad. Nunca he hecho cuentos de misterio o fantásticos, creo que no estoy capacitada. Hago cuentos de algo que vi o pensé o soñé”.

Armas abajo, voces arriba

Su relación con el comunismo, la lucha estudiantil y el feminismo la convirtieron en blanco de investigaciones policiales. El Archivo General de la Nación la guarda como una espía rusa, lo que la hace reír a carcajadas. A los “pobres agentes que no sabían nada” y se postraban en su casa por días les llevaba café y galletas. “A mí me daba pena con ellos”.Elena Poniatowska - La noche de Tlatelolco

“¡Qué poca cosa, qué inferior se habrá sentido el presidente de México ante la voz de los estudiantes, para acallarla con las armas!”. La noche de Tlatelolco (1971). Ediciones Era.

Aunque escribe poesía, narrativa, crónica, teatro y ensayo, fueron sus biografías y libros testimoniales lo que le valieron el reconocimiento internacional y la lluvia de premios que ha venido con ello, incluyendo siete doctorados Honoris Causa, la Legión de Honor Francesa y el Premio Cervantes de Literatura.

Su compromiso con la historia contemporánea y las voces reducidas la han llevado a visitar universidades en todo el mundo, colaborar con publicaciones, realizar cortos cinematográficos, ser miembro de la junta editorial de la revista Fem, fundar la Editorial Siglo XXI, la Cinemateca Nacional y hasta prestar su voz para el personaje principal de la película de Disney, Coco. Poniatowska, dejando su sangre azul por fuera, escogió hacer de su vida y su obra una lucha contra el silencio, contra la desilusión, contra la injusticia; una lucha contra el olvido.

«Las mujeres son las grandes olvidadas de la historia. Los libros son la mejor forma de rendirles homenaje.»

 

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